viernes, 21 de septiembre de 2012

DIEGO L. GARCÍA


FINAL SIN ALEGORÍA

Los frutos maduros de un árbol
son el último impulso del verano.
Esos jugosos tesoros
que han sobrellevado con elegancia
las exigencias de la ley natural,
parecen remitir a un mensaje
trascendente.
Sin embargo
a su alrededor
los perros se echan a rascarse
y un niño de pronto
llega para arrancarle las hojas
justo a tiempo.

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