viernes, 19 de octubre de 2012

MONICA MELO



ANTÍGONA

Me cargé de años
de bastón tras sobrevivir a la Esfinge
y como se va hacia el mar llegué hasta Tebas.
No sé hija, no sé qué aconsejarte,
no sé qué más puedo decir para robarte
la blancura de esta noche.
Soy vidrio roto,
el gusto de una ergástula en la lengua,
las ganas de ser más que mi corona
pero menos que un acto.
Hija mía, tenerte aquí, tan dentro
me hace quebrar la voz.
Dame tu mano, el sol nos quema y
deberías seguir viaje.
¿Qué haces con este padre, hermano triste?
Hay tantos hombres que te buscan,
que te quieren, que darían sus alforjas
y sus dioses por amarte.
(Y quién viera tu fuerza).
Esta cal es mi constante,
este muro solitario que me enreda,
persianas bajas, los cordones sin sus pasos,
tú me entiendes.

Calle, padre.
Calle, abráceme despacio,
sin la rabia de ser quien no decide.

1 comentario:

  1. Realmente hermoso Mónica, me recuerda un fragmento de una poesía de Pablo Ohde "nada más increíble para un hombre, que concebir una mujer...". Un placer Claudio Itza

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