viernes, 21 de septiembre de 2012

JORGE PAOLANTONIO


CASIDA DE LA CEGUERA

nada estaba oscuro cuando Borges dijo: apenas veo
y entró inseguro a esta vereda de la calle Venezuela
y a la muerte
donde persiste el hedor de biblioteca
y el polvo de las estanterías

el hombre está lejano    
nadie lo mira detrás de su epitafio
arrancado de runas y crucifixiones
de patria incierta  y ancianidad medida
con cucharitas prestadas
por la ceguera londinense de Eliot

dicen que Milton y Tiresias lo empujaron
a presagiar que Argentina no sería un paraíso
y por eso
nadie se ocupa de su destierro 

los desvela    el aleph
por donde pasan infinitos versos
que auguran laureles
tan eternos
como los adoquines de San Telmo

nada está claro
ahora
que yo tampoco veo

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