sábado, 15 de septiembre de 2012

LEOPOLDO CASTILLA

EL DESIERTO

En el desierto
                      uno es la sombra
la hendidura
por donde pasa la muerte
o el día siguiente
uno vive su tumba
                a oscuras
dentro de su carne,
oyendo como el viento se lleva el día
y el polvoriento mar,
que golpea sin aire
                      contra el aire
su mariposa negra.
Aquí
las constelaciones cargan
al escorpión
y el hombre se envenena
si pronuncia, a solas, su propio nombre en la noche.
Sólo cuando el médano rojo
espanta la luna,
después que el espacio se va devorando,
recién entonces
                      lo que queda de uno
                                             cicatriza.

3 comentarios:

  1. Contudentes, los versos del Teuco. Los primeros y el último son impecables.

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